lunes, 18 de agosto de 2014

Confesiones de un esclavo de la Revolución

Confesiones de un esclavo de la Revolución
CLIVE RUDD FERNÁNDEZ | Londres | 18 Ago 2014 - 9:02 am.

Enfermero en misión internacionalista: 'Somos tratados como putas
ilegales y controladas por proxenetas. No lo digo en sentido figurado'.

Pedro González es un personaje real con nombre falso para proteger su
identidad. Tiene 38 años y, como muchos cubanos que ansían progresar en
la vida, su mirada ha estado clavada fuera de Cuba por más de la mitad
de su vida. Pero dejó pasar el tiempo y ahora tiene demasiadas ataduras
en Cuba. Lo tienen anclado allí, en Santos Suárez, sus padres de 65 y 66
años respectivamente, y una hija de 3 años de un matrimonio anterior que
no puede o no quiere emigrar.

Su hermano Rafael, de 43 años, vive en Canarias, donde trabaja como
plomero. Su mera existencia le recuerda a Pedro que un plomero en
Canarias puede vivir mejor que un médico o enfermero en Cuba. Los
enfermeros como Pedro ganan en Cuba un salario promedio de 12 dólares, y
su hermano plomero en Canarias trae a casa después de los impuestos unos
1.500 euros mensuales, además de tener salud y educación gratuitas para
él y para toda su familia, cortesía del sistema de gobierno español.

Pedro González no está solo. Como él hay miles de cubanos atrapados en
un limbo entre su familia en Cuba que no quiere o no puede emigrar y sus
deseos de tener una vida mejor.

En estas circunstancias hay pocas elecciones para un tipo como él. Una
de ellas es entregarse a las "misiones internacionalistas", donde se
puede ganar un poco más, conocer —aunque de forma muy restringida– otro
país y no perder su casa y vínculos familiares en Cuba. Es una
emigración a medias, pero es un paliativo a su situación.

Conozco a Pedro hace más de dos años. Estaba yo en la isla caribeña
adonde él llegó finalmente de misión y, casi sin conocerme, me disparó
en ráfaga todas las humillaciones que sufre cada día.

Pedro sabe o piensa que desde su posición de peón poco puede hacer para
cambiar su suerte, pero decidió hablar conmigo con la esperanza de que
se sepa lo que le sucede a esos cubanos que están desperdigados por el
mundo tratando de mantener a los suyos con el cuello por encima del agua.

En lo que sigue, le doy a él la palabra:

"Me siento vigilado, preso mentalmente, controlado, obstinado,
reprimido, maltratado, aburrido de lo mismo, desconsolado, aturdido, en
muchas ocasiones esclavizado, física y mentalmente y, sobre todo, muy
decepcionado."

"Llevo dos años en esta misión y somos tratados como putas ilegales y
controladas por proxenetas. No lo digo en sentido figurado, lo digo casi
en el sentido literal. Como a las putas que trafican bandas de
criminales, a nosotros nos quitan el pasaporte inmediatamente que
llegamos de Cuba a la 'misión'. No tenemos un contrato firmado con
ninguna empresa o gobierno. El empleador le paga al Gobierno cubano y,
como buen proxeneta, el Gobierno se queda con más del 50% de lo que nos
pagan."

"Muchos de los que estamos en la 'misión' hemos tenido problemas por
haber intentado protestar por el constante acoso que sufrimos de parte
del Gobierno cubano, que procura seguir ordeñando el otro 50% de dinero
que nos deja."

"Algunas de las justificaciones que utilizan para robarnos lo poco que
nos queda son las cotizaciones de la Juventud o el Partido en dólares
estadounidenses, o cada vez que hay un ciclón o algún desastre en Cuba
provocado o no por el Gobierno, hay que hacer 'donaciones' para paliar
los daños. Ya expulsaron a una colega que en una ocasión no quiso 'donar'."

"Como realmente no tenemos ningún contrato legal con nuestro empleador,
el Gobierno cubano hace lo que le da la absoluta gana con las 'reglas
del juego', que ellos crean y deshacen cuando quieren."

"Algunos de mis colegas se metieron varios años separados de sus
familias con la promesa de que al final les darían la carta de
autorización para comprarse un modesto auto. Después de que eliminaron
la carta de autorización para comprar carros, a los cubanos de 'misión'
por todo el mundo les han enviado una 'circular' explicándoles que eso
ya no aplica, y que gracias por la comprensión."

"Hay una lista inmensa de vejaciones y pisoteos a nuestros derechos
fundamentales como trabajadores, pero la que en mi opinión llena la copa
es la que más se asemeja a las putas de tráfico ilegal."

"En algunas ocasiones te encuentras con los que no aguantan más y
deciden pedir el retorno a Cuba, pedir el fin de la 'misión'. Esto ha
sido visto como una falta grave. En todos los casos se hace una reunión
urgente y se amonesta públicamente y se les envía para Cuba con una nota
definitoria: 'el compañero no se ajusta a los principios de solidaridad
de la Revolución cubana y tiene que ser sancionado al llegar a Cuba'."

"No sé si yo mismo aguante más de esto. Al principio creí que valía la
pena para echar una nueva placa en el techo a la vieja o para comprarle
un carro a la familia, pero el nivel de persecución, hostigamiento y
control con que he vivido en los últimos dos años no se lo deseo a nadie."

"Aquí seguiré reportando, para todos los cubanos libres del mundo que
quieran hacerse eco de este atropello del Gobierno cubano para con sus
ciudadanos, hasta que me explote la olla de presión y tenga que dejar a
mi niña y a mis viejos detrás o decida regresar a Cuba como un paria."

Por ahora, Pedro sigue allí, sirviéndole al Gobierno que lo envía y por
el cual siente repugnancia.

Source: Confesiones de un esclavo de la Revolución | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1408111352_9975.html

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