viernes, 22 de agosto de 2014

Sobre los cuidadores de enfermos en Cuba

Sobre los cuidadores de enfermos en Cuba
agosto 21, 2014
Irina Echarry

HAVANA TIMES — Durante seis años viví con dos ancianas (mi abuela y su
hermana); fue la etapa más triste de mi existencia.

La dura crisis del período especial nos golpeaba y en casa no teníamos
condiciones reales para darles la atención que ellas necesitaban. Hace
unos días recordé esa época cuando supe que Elvira, contadora de una
empresa estatal, desde el año pasado abandonó el trabajo. ¿Los motivos?
Vive con sus padres viejitos y un hermano enfermo; su situación se
agrava porque Elvira tiene un hijo adolescente, en secundaria.

La historia de Elvira no es tan peculiar, al contrario. Hace varios
meses el padre se fracturó la cadera derecha y esto le provocó una caída
peligrosa; para la cirugía y parte de la recuperación del anciano ella
solicitó una licencia sin sueldo por tres meses.

Transcurrido ese tiempo, se incorporó al trabajo. El niño (como le
sucede a todos) ha estado enfermo varias veces, cosas sin tanta
importancia que la han retenido en casa. El hermano de Elvira padece un
cáncer de pulmón desde hace mucho tiempo, cuando comenzó con dolores
fuertes ella, que no logra dividirse en pedazos para cumplir con sus
horarios laborales y atender a la familia, se vio obligada (en aquel
momento no había opciones luego de otros tres meses de licencia sin
sueldo) a pedir la baja del centro de trabajo.

Cuando se vio sin empleo pensó que enloquecería; por suerte estaba
acostumbrada al "invento"; lo que antes engrosaba la entrada mensual,
ahora se ha convertido en el único sustento. En el escaso tiempo libre
que le quede lava para la calle y repasa matemáticas a niños pequeños
del barrio.

Elvira forma parte de lo que algunos llaman "generación sandwich": se
ocupa de los cuidados físicos y emocionales de personas de diferentes
edades y es el sostén económico del hogar.

La frase se acuñó en la década de los 80, hace referencia a quienes se
encuentran en el medio, presionadas por la atención a los hijos pequeños
y el cuidado de los ancianos o enfermos; poco a poco se ha extendido y
se utiliza también cuando los hijos son adultos, pero no logran
independizarse.

En Cuba se menciona poco el término ―bien podríamos sustituir el
sandwich por el pan con croqueta―; quizá porque en nuestro país es casi
imposible vivir de otra forma debido al sempiterno problema de la
vivienda, que obliga a varias generaciones a compartir el mismo techo.
Los salarios ínfimos impiden a la mayoría alquilar un cuarto donde vivir
o pagar a alguien que cuide al necesitado.

Otro factor importante es la sobreprotección que caracteriza a nuestras
madres. Sí, porque aunque existe representación masculina, el grupo de
personas cuidadoras está mayormente conformado por mujeres.

¿Quién no conoce a alguna Elvira? La mayoría de las veces, cuando existe
presencia masculina cercana, solo se ocupa de la parte económica;
generalmente la presión social empuja a la mujer a encargarse de los
enfermos, los niños y ancianos de ambas partes de la familia; tan es así
que muchas han asumido como suyo ese papel, saben que es lo que se
espera de ellas (han sido educadas para eso) y adquieren los compromisos
sin que nadie se los diga.

Como los adolescentes no trabajan, mientras cursan sus estudios medios o
superiores deben ser mantenidos obligatoriamente por padres y madres,
pues el estipendio estatal que en algunos casos reciben no garantiza ni
la merienda del mes. Ahora la situación es un poco más flexible y
algunos pueden ganarse un poco de dinero contratados por
cuentapropistas. Ah, y si los hijos paren temprano, padres y madres
también se hacen responsables de esos nuevos retoños.

Las edades de las "croquetas" y otros cuidadores oscilan entre los 30 y
55 años; ellos sostienen una doble o triple carga que, por cotidiana, es
ignorada por la mayoría. Con las características del país, poco importa
si se cuida una o más personas, el fardo de vicisitudes en cualquiera de
los casos es demasiado pesado, ya sea atendiendo a dos niños o solamente
a una anciana. Junto a las responsabilidades de la vida laboral, los
cuidadores deben hacer complicados actos de magia para desempeñar sus
roles de padres/madres, hijos, y parejas; todo un desafío que genera
gran estrés emocional y los hace rendir menos.

Un asunto importante que ocupa los estudios de género es la sobrecarga
de trabajo de las mujeres: el que desempeñan en sus puestos laborales y
el no remunerado que realizan en casa. Las leyes garantizan licencia de
maternidad durante el embarazo y un año después de nacida la criatura;
también los padres pueden solicitar licencia para cuidar de sus hijos
aunque es ínfimo el número de hombres que se deciden.

No se piensa en nada cuando un pequeñín está enfermo, solo en su
recuperación; sin embargo, las madres saben que no perderán su plaza
laboral mientras el niño o la niña estén ingresados, pero dejarán de
cobrar por todos los días que falten al trabajo.

Generalmente la enfermedad de un niño es pasajera, salvo en casos
específicos; sin embargo la atención a los ancianos puede ser más dilatada.

Desde hace décadas en Cuba se viene alertando sobre el envejecimiento
poblacional y sus consecuencias; mientras la esperanza de vida al nacer
ya alcanza los 78 años, la generación que tiene que cuidar a los que
entran en la tercera edad ve su vida laboral pendiendo de un hilo. ¿Cómo
aligerar la carga ―en el ámbito legal, social y familiar― de estas personas?

Alejados de la cultura de hogares para ancianos, cuando alguien expresa
que su madre está en un asilo, los comentarios acusadores no faltan.
Claro que las cosas pueden cambiar, es solo cuestión de acostumbrarse.
Pero ¿cómo enraizar esa costumbre si la mayoría de los asilos de
ancianos da miedo? Pésima alimentación, poca limpieza, mala atención,
además del trabajo que se pasa para conseguir uno.

La asistencia social ayuda a los ancianos y ancianas que viven solos: el
Estado paga un salario mensual a una persona que se ocupe de la comida,
limpieza y cierta compañía. Los que viven con al menos un familiar no
tienen derecho a esta opción.

A estas alturas, cuando más del 18% de la población sobrepasa los 60
años, no hay legislaciones específicas que amparen a la "croqueta" o a
cualquier cuidador. Nadie puede solicitar licencia para cuidar a sus
padres. La opción sería una licencia no retribuida durante un período
corto (Con el nuevo Código del Trabajo puesto en vigor recientemente
esta licencia puede, en dependencia de la empresa, extenderse hasta a un
año) y luego solicitar la baja del centro laboral.

Con el salario se vive mal y sin tiempo suficiente para garantizar una
entrada estable de dinero es casi imposible mantener una familia. ¿Es o
no un gran problema? Hay que trabajar para sobrevivir, pero no se puede
desatender a los ancianos: no hay suficientes centros asistenciales que
garanticen su cuidado; el transporte no ayuda a cumplir con el trabajo y
con los horarios de comidas o medicamentos.

Eso, sin mencionar los altos precios de los pañales desechables para
adultos y los alimentos, así como la imposibilidad de comprar sillas de
ruedas, camas fowler, cuñas, colchones antiescaras y otras cosas
necesarias, no solo porque el Estado no garantiza su venta, sino porque
cuando aparece algún particular ofreciendo esos productos, los precios
son de espanto.

Por otro lado, en este país con crisis económica permanente, cada vez
hay más "croquetas" y cuidadores. Entonces muchos se preguntarán: ¿cómo
pagarle a tanta gente que no puede trabajar?
Es para meterle coco al asunto, reconocerlo, analizarlo desde diferentes
ángulos y buscar alternativas, pero hasta ahora no le han dedicado ni
una Mesa Redonda.

Source: Sobre los cuidadores de enfermos en Cuba - Havana Times en
español - http://www.havanatimes.org/sp/?p=98475

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