miércoles, 9 de diciembre de 2015

Médicos encadenados

Médicos encadenados
FRANCISCO ALMAGRO | Miami | 9 Dic 2015 - 5:40 am.

Pueden que hayan sido dos jóvenes doctoras, entrevistadas en Costa Rica
y parte de la riada humana en camino a EEUU, quienes dieron el
aldabonazo. Una de ellas, especialista joven, se declaró de "rendimiento
excepcional", como si tal excepcionalidad académica la eximiera de
cumplir determinados deberes con quienes pagaron por su carrera y
especialidad. Rendimiento excepcional y Plan Talento significa que los
médicos pueden hacer una especialidad directamente, es decir, una vez
graduados, pasar a ser residentes y tras unos pocos años, especialistas
en una rama médica.

No tenemos idea de cuántos galenos y técnicos de la salud están entre
esos cubanos varados en Centroamérica, pero pueden ser muchos y podrían
haber sido muchos más si el Gobierno cubano, "casualmente", no publica
el 30 de noviembre una declaración donde recicla el Decreto 306 que
regula las salidas temporales para asuntos personales de profesionales y
técnicos de la salud.

En honor a la verdad, debemos recordar que tal decreto no es una
regulación nueva. Ya existió algo parecido hace años y ocasionó
importantes e innecesarios sufrimientos a médicos y técnicos de la salud
cubanos. En aquellos tiempos una ordenanza que muy pocos pudieron ver, y
menos discutir, mantuvo separadas a familias y a médicos y técnicos casi
siempre por más de cinco años.

Eran los días del incremento de la colaboración médica en el exterior,
sobre todo en Venezuela con la Misión Barrio Adentro. Para que el
régimen mantuviera allí miles de médicos y técnicos, se bloqueó la
salida de cientos de trabajadores de la salud. Muchos habían sido
reclamados por sus familiares en EEUU o habían ganado el sorteo de visas
de la Oficina de Intereses.

Pasaban los años, se cumplía el tiempo, parte de la familia debía
emigrar y en Cuba quedaba el profesional de la salud con todas las
consecuencias que ello traía. La respuesta de los funcionarios siempre
fue la misma, dicha sin una gota de compasión: el Ministro no ha
firmado su liberación. Liberación, nunca mejor palabra. Pero aquel
sacrificio ajeno no bastó para que cientos, tal vez miles de médicos y
técnicos de esas misiones en Venezuela, Brasil, Ecuador y Bolivia no
fueran, ellos mismos, emigrantes; o mejor y como los llama el régimen,
"desertores". Nunca mejor venganza: desertar.

En aras de balancear las cosas, es necesario decir que si usted vive en
La Habana o Santiago de Cuba y lleva a su hijo a la emergencia de un
hospital y no hay un cardiólogo, un cirujano infantil o un intensivista
que le salve la vida a la criatura, usted puede estar muy de acuerdo con
la regulación del Gobierno cubano. La carrera de Medicina es una de las
más caras en cualquier parte del mundo. Una especialidad médica aumenta
en varios miles la deuda contraída y se necesitan años para adquirir la
maestría necesaria para lidiar con una grave enfermedad cardiaca, un
quirófano complicado o un ser humano acoplado a máquinas de asistencia
vital. Es una deuda que debe pagarse. Pero no es una deuda eterna ni un
cheque en blanco al prestamista. Antes de recibir la primera conferencia
de Anatomía o Fisiología, los futuros galenos deben saber cuánto y cómo
devolver la inversión en sus estudios y prácticas. Es lo justo. Es, ni
más ni menos, una muestra de seriedad y ética ciudadana.

El dilema histórico de los médicos y los técnicos cubanos es que casi
nunca las cosas quedan claras para ellos, y muy pocas veces las cosas
están a su favor. Eso sucede con las llamadas misiones
internacionalistas, las asignaciones de automóviles y viviendas, la
ubicación laboral una vez concluido el servicio social. Funciona más o
menos así: se emite un decreto y son los funcionarios quienes deciden
cuándo, cómo y dónde se cumple la letra. Un decreto, por cierto, no es
una ley pues no ha sido refrendado por los destinatarios o sus
representantes.

Es aquí donde el juramento hipocrático hace aguas. El juramentado
depende de la voluntad del gris funcionario, de los compromisos
políticos del Gobierno, del ego de quienes usan el poder para convertir
las mochilas con medicamentos en cajas de balas. El encadenado
hipocrático se debate en un conflicto ético, moral: siente tener derecho
zafarse de las cadenas y al mismo tiempo, se duele al abandonar el deber
al cual se ha consagrado.

Sucede que la medicina, como el deporte, no soporta politizaciones. La
medicina no puede ser un negocio como tampoco un arma política porque
pierde su esencia; quienes así la practican, se envilecen al punto de
hacer daño en vez de curar. Los seres humanos son nacidos con una
libertad intrínseca para tomar decisiones sobre sus vidas. Ese derecho
no lo da ningún gobierno, y mucho menos el funcionario de turno. Nada ni
nadie puede violar ese principio sin pagar algún día por las
consecuencias de tal desatino.

De ese modo, es responsabilidad del Gobierno procurar a su patrimonio
profesional y técnico tomar decisiones responsables y libres de toda
presión política, ideológica e incluso económica pues cuando quienes
velan por la salud están confundidos, cansados y mal pagados, sus
servicios son, igualmente, lamentables. También los médicos tienen el
compromiso de velar porque el niño, el anciano o la mujer embarazada
sean asistidos con sus dolencias sin excusas de ningún tipo. En pago, ni
jaba de viandas, ni litros de gasolina ni reservación en la playa. A los
médicos y los técnicos de la salud, solo respeto a su dignidad y el
derecho, humano e inapelable, de emigrar una vez cumplidas las
obligaciones con la sociedad.

Source: Médicos encadenados | Diario de Cuba -
http://www.diariodecuba.com/cuba/1449601792_18684.html

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