jueves, 7 de marzo de 2013

Negligencia médica deja inhabilitado a un niño

Negligencia médica deja inhabilitado a un niño
Miércoles, Marzo 6, 2013 | Por Augusto Cesar San Martin

LA HABANA, Cuba, 6 de marzo de 2013, Augusto César San Martín/
www.cubanet.org.- El 5 de mayo del 2005, nació Diego en el hospital de
Baracoa, municipio de la provincia Guantánamo. El parto pudo ser normal
de haberle realizado una cesaría a Mayulis, su mamá. La joven que por
entonces tenía 20 años tiene estrechez del canal pélvico, lo que provocó
que estuviera 10 horas de trabajo de parto.

El médico de guardia, doctor Alcibíades, que cuenta en su carrera con
varios casos de similares consecuencias, abandonó a la paciente. Al
siguiente día, el médico de guardia entrante se percató de que el niño
llevaba tiempo trabado en el canal de parto. Mediante incisiones y
presión abdominal salvó a la criatura.

Diego nació cianótico, con edema pulmonar, hipotsia severa o sufrimiento
fetal al nacer y tres convulsiones en menos de 24 horas. Ambos –madre e
hijo- estuvieron un mes en terapia intensiva. Diego con oxígeno 100% y
un hadgar de 3,2; Mayulis por la fiebre puerperal debido a la
deficiente asepsia durante el parto y la anemia provocada por el legrado
diagnóstico después de nacer si hijo.

El sufrimiento no opacó la alegría de Mayulis por el nacimiento de su
hijo. A Diego le dieron de alta hospitalaria después de controlarle las
convulsiones con Fenobarbital. Pero los médicos ocultaron a la mamá las
consecuencias de los traumas sufridos durante el parto.

Al cuarto mes de nacido el niño, Mayulis se percató de una protuberancia
en la cabeza de Diego. Los médicos no encontraron alteraciones genéticas
y lo remitieron al fisiatra, quien diagnosticó un retardo en el
desarrollo psicomotor.

Inconforme con el diagnóstico en el hospital de Baracoa, la madre viajó
a la capital en busca de la valoración de especialistas del hospital
"Julito Díaz". En este centro dictaminaron que el niño tenía parálisis
cerebral tipo atáxica, debido a los traumas provocados durante el parto.

A partir de este momento, Diego ingresa durante tres meses, dos veces,
al año en el Centro de Rehabilitación habanero.

Diego tiene siete años. Aún no logra sostenerse en pie en el corral de
madera que abarca la sala de la casa y donde pasa la mayor parte del
día. Allí intenta identificar dibujos y articular palabras. Su último
logro fue sostener un pincel con los dedos del pie y garabatear una hoja.

A través de donaciones internacionales, hace tres años le entregaron un
sillón de ruedas que le queda pequeño. Las ruedas de la silla están
maltratadas por la loma de piedras que debe vencer Mayulis, todos los
días, para llevarlo hasta el hospital. Este Vía Crucis de más de tres
kilómetros es el único obstáculo capaz de borrar la sonrisa del rostro
de la madre.

Aunque no sepa cómo sobrevivirá cada mes, ella no menciona sus
estrecheces económicas. Perdió la ayuda de su papá cuando este quedó
excedente en el trabajo. El gobierno le paga 325 pesos (13 dólares) por
ser "madre cuidadora", y le entrega un paquete de 10 pañales desechables
al año. Su verdadero sustento está en vender lo que pueda.

La única ayuda que solicitó al gobierno es un apartamento en los
edificios que construyen en las cercanías del hospital de Baracoa. Ella
convive con cuatro familiares en una casa de madera de dos cuartos con
los baños a la intemperie, en forma de letrinas.

Como último recurso, en julio del pasado año Mayulis escribió por
tercera vez al Consejo de Estado, pero allí le respondieron que su caso
sería atendido por el gobierno local. Debido a los cambios de líderes,
sus gestiones se reinician con cada nuevo delegado del Poder Popular de
la localidad.

"He visto pasar tres mandatos y ninguno ha resuelto el problema; el
último me dijo que los apartamentos de los edificios ya tenían nombres
antes de construirse", comenta Mayulis sin esperanzas pero sin dejar de
sonreír.

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