miércoles, 17 de abril de 2013

Estudios epidemiológicos y fariseísmo académico

Estudios epidemiológicos y fariseísmo académico

El survey es el método de investigación más usado en los estudios
epidemiológicos. Funciona bien en los países desarrollados, en los
cuales la recolección de datos no es difícil, ya que la instituciones
que controlan la información están bien organizadas y se abren a los
investigadores a quienes les ofrecen todas las posibilidades de búsqueda
tecnológica de datos así como de instrumentos de corroboración. Dada la
efectividad organizativa de los países desarrollados y democráticos, las
enfermedades pueden estudiarse y controlarse con bastante éxito. La
población no solamente es más educada, sino que también se encuentra
bien informada respecto a lo que sucede a su alrededor, es, a su vez,
excelentes fuente de información y esto ha permitido desarrollar
diferentes herramientas de recopilación de datos que son altamente
efectivas. El mundo en vías de desarrollo es otra cosa y la
extrapolación de estas técnicas y herramientas muchas veces se hace
imposible y en el mejor de los casos sus resultados son poco confiables.

El estudio recientemente publicado en el British Medical Journal, 9 de
abril de 2013, en el cual se estudia la relación entre la pérdida de
peso y su efecto en la diabetes y la mortalidad cardiovascular en Cuba
durante el periodo que va de 1980 a 2010, parece más un mal chiste que
una investigación seria. Su conclusión de que la crisis económica de
principios de los noventa promovió el declive de la diabetes y las
enfermedades cardiovasculares no necesitaba estudiarse. Se sabe de sobra
que estas enfermedades ocurren con más frecuencia en países en los
cuales la población se alimenta bien o consume exceso de grasas que en
países en los cuales la comida escasea. En otras palabras, estas
enfermedades son más propias de Canadá y Suecia que de Haití y Bangla
Desh. Pero para poner las cosas peor, el estudio es un soberano
disparate que tiene todos los defectos que pueden existir en una
investigación y cuyos resultados no tienen la menor validez. O sea, que
aunque la conclusión sea cierta, los métodos usados no la justifican.

Aunque tiendo a pensar, por experiencia personal, que la mayoría de los
investigadores científicos y de los profesores universitarios, sobre
todo en el campo de la medicina, son gente seria, dedicada y honesta, en
el mundo académico se da mucho el oportunismo y el socialismo. Si me
ayudas te ayudo, si tienes algo que ofrecerme, me interesas, y así. Hay
mucha hipocresía y muchos no se atreven a desenmascarar a un farsante o
a una farsa por temor a que algún día las acusaciones se vuelvan contra
ellos. Existe una amplia red de intereses creados.

En el caso del estudio realizado en Cuba, el primer problema es la poca
confiabilidad de la base de datos, en un país en el cual el gobierno
controla la información sobre la salud y la manipula con fines
propagandísticos. Por otra parte, no hay fuentes de corroboración de
datos. Un estudio que se basa en los datos que aporta el gobierno, sin
alternativas de investigación, ya es un fracaso desde el comienzo. Este
estudio es tan malo, que los mismos autores confiesan que "…escasez de
información adecuada sobre la salud pública impide evaluaciones
comparativas…" (p.2). O sea, desde su introducción reconoce la poca
validez de sus fuentes, que es en lo único que se basa su estudio. Las
fechas de los diferentes periodos estudiados tienen grandes variaciones
que también afectan la pretendida seriedad del proyecto.

Por otra parte, reconocen que todos los datos son obtenidos del
Ministerio de Salud Pública y de publicaciones cubanas del período
estudiado. En la página 9 reconocen que "Nuestro estudio tiene
limitaciones importantes. No había información sobre la incidencia de la
diabetes en el período de crisis…la información no representa
adecuadamente la incidencia de la diabetes…Los certificados de muertes
están sujetos a malas o parcializadas clasificaciones…los estimados de
ingesta alimenticia tienen muchas limitaciones…". En fin ¿Existe algún
dato confiable en el cual basaron sus conclusiones? Dados estos
problemas la respuesta es no. Además, los instrumentos usados fueron
auto-informes, que por años se han probado poco efectivos en poblaciones
subdesarrolladas, que tienden a mentir en ellos. Para colmo, los datos
fueron exclusivamente recopilados por funcionarios de la escuela de
medicina de Cienfuegos, sin supervisión externa.

Ninguno de estos problemas metodológicos impidió que los autores
emitieran opiniones como: "antes de la crisis, esta era una población
bien alimentada…"¿Los cubanos bien alimentados? Y ni siquiera sustentan
esta postulación. Otro gran disparate es decir, sin ningún tipo de
referencia que: "la crisis económica de principios de los noventa se
debió a la disolución de la Unión Soviética y el endurecimiento del
embargo…". O sea, hablan de un endurecimiento del embargo sin decir la
fuente de esa información, que es, además, falsa. Lo único que reconocen
es que aunque se mejoró respecto a la diabetes y las enfermedades
cardiovasculares, hubo un aumento significativo en la neuropatías por
avitaminosis.

El estudio es responsabilidad del doctor Manuel Franco, médico español,
quien es profesor asociado en el Departamento de Ciencias de la Salud,
unidad de Salud Pública de la Universidad de Alcalá y profesor adjunto
del Departamento de Epidemiologia de la Escuela Bloomberg de Salud
Pública de la Universidad Johns Hopkins. Los datos los interpretó su
discípulo Usama Bilal. Los consultores principales fueron el doctor
Richard Cooper, médico especializado en estudios epidemiológicos en
Africa y el Caribe, profesor y jefe del Departamento de Ciencias de la
Salud Pública de la Escuela Stritch de Medicina de la Universidad de
Loyola, en Illinois y la doctora Joan Kennelly, enfermera especializada
en salud pública y estudios infantiles. Como asesor también se presentó
el doctor Benjamín Caballero, médico argentino, profesor del Centro de
Nutrición Humana, Departamento de Salud Internacional de la Escuela
Bloomberg de Salud Pública de la Universidad Johns Hopkins. Por Cuba
participaron tres médicos, los doctores Pedro Ordúñez, Alain Morejón y
Mikhail Benet, todos profesores de la Universidad de Ciencias Médicas de
Cienfuegos y asociados de alguna manera, en estudios o investigaciones,
a la Universidad Johns Hopkins.

Es inconcebible que profesores con unos currículos tan destacados,
pertenecientes a distinguidas instituciones académicas, se presten a
realizar un estudio tan débil desde el punto de vista científico. Una
cosa que no aclaran es quiénes son las fuentes de apoyo financiero de la
investigación. Habría que ver qué beneficios no necesariamente
científicos obtienen el doctor Franco y sus colegas por esta patraña
seudocientífica. No me cabe la menor duda de que la mano de las
autoridades cubanas fue generosa con quienes tomaron parte en esta farsa.

Peor aún es el hecho que una revista del prestigio del British Medical
Journal, supuestamente de alta exigencia en la aceptación de
manuscritos,se atreva a publicar un trabajo tan hueco y carente de la
menor rigurosidad científica. Cabría preguntarse si también fueron
beneficiados económicamente o si algún miembro de su consejo editorial
se está pasando unas vacaciones gratuitas en Cuba en los hoteles más
caros y con otras amenidades.


Roberto Madrigal

http://rmadrigaldil.blogspot.fr/2013/04/estudios-epidemiologicos-y-fariseismo.html

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