domingo, 14 de abril de 2013

Exento de pagos… y garantías

Exento de pagos… y garantías
abril 11, 2013
Francisco Castro

HAVANA TIMES — Una de las primeras cosas que se pueden ver cuando se
llega al Cuerpo de Guardia del Hospital Universitario Clínico Quirúrgico
"Manuel Fajardo", es un enorme cartel que reza: "Tu servicio de salud es
gratis, pero cuesta…", y a continuación, una lista con algunos de los
servicios que se nos brinda de forma gratuita, con el precio al lado.

Llegué a este lugar luego de haber vomitado un par de veces, y haber
estado todo el día con fiebre entre 38 y 39 grados. Aquí, las doctoras
internas que me atendieron, luego del examen físico e indicarme un Rayos
X, decidieron mi ingreso inmediato por neumonía.

Antes de llegar a este hospital, pasé por su homólogo, el "Calixto
García", del que salí huyendo, porque me indicaron un hemograma completo
de urgencia, y que me midieran la temperatura en la enfermería, pues si
la tenía por encima de 38 grados, había que inyectarme duralgina.

El caso es que en la enfermería, el termómetro estaba roto, y en el
laboratorio clínico había una enorme fila de personas irritadas,
mientras la técnica del laboratorio sostenía una animada charla
telefónica, indiferente a todo reclamo.

En el "Fajardo", la atención fue algo mejor en la etapa primaria, pero
todo volvió a la normalidad cuando comenzaron los trámites del ingreso.
Para resumir, estuve tirado en la sala de espera, temblando de fiebre,
con una vena del brazo derecho canalizada, cerca de hora y media, solo
porque nadie había confirmado que mi cama estuviera preparada.

Cuando encontré al camillero, le dije que yo tenía sábanas para preparar
mi cama, así que me llevó a mi sala. Eran las 9:45 de la noche.

Uno de los derechos del paciente ingresado que se violó de inmediato
conmigo, fue el de ser recibido por el personal de enfermería de
asistencia. Después que el camillero me indicó cuál era mi cama, nadie
más se preocupó por mí.

Muerto del cansancio por la fiebre, atiné a arreglar mi cama, a duras
penas comer algo de lo que un amigo me había traído, y caí en un sueño
entrecortado por los temblores febriles y la preocupación porque el
aparatico de la vena no se saliera.

Fui sacado bruscamente de ese estado seminconsciente por el enfermero de
guardia, que tiró de mi brazo canalizado para ponerme un medicamento. Ni
buenas noches, ni por favor, y menos el nombre del medicamento que me
estaba poniendo. Eso fue cerca de la media noche.

En la mañana fue igual. El enfermero, después de ponerme el medicamento,
me quitó aquella cosa incómoda del brazo, sin decir palabras.

Allí estaba yo perdido, sin saber horarios de comida, sin conocer las
rutinas diarias, cada una de las cuales fui descubriendo al preguntarlas
a mis compañeros de habitación.

Cuando llegaron los doctores el trato cambió. Como también cambió el
diagnóstico. Tres estudiantes y dos profesores me atendieron en esa
ronda, y todos estuvieron de acuerdo en que yo no tenía neumonía.

En la placa de Rayos X sí pudieron observar algunas manchitas en los
pulmones, que había que estudiar haciendo un TAC (Tomografía axial
computarizada). Pero sin ningún síntoma respiratorio externo, y ante una
visible rubicundez en todo mi cuerpo, más los síntomas por los que me
presenté al hospital el día anterior, decidieron que estaban ante un
caso de intoxicación por alimentos, causa por la cual no se indica
hospitalización.

Me preguntaron si me había hecho recientemente algún chequeo, y ante mi
respuesta negativa, decidieron hacerme uno completo, TAC incluido. Era
viernes.

Así que tendría que quedarme todo el fin de semana ingresado, a la
espera de que el equipo del TAC, que estaba roto, fuera arreglado.

Resumen: un susto padre; una cama de hospital innecesariamente ocupada;
mi equipo de trabajo desequilibrado, asumiendo mis tareas; mis amigos
movilizados, haciéndome compañía y llevándome comida (ya sabemos cómo
puede ser la comida de hospital en Cuba); miles de trabajos para usar un
baño sin ducha, con el inodoro tupido, y con cucarachitas merodeando;
rodeado de personas con infecciones respiratorias que tosen
dolorosamente y expectoran constantemente; a expensas de contagiarme…

Todo por un nuevo mal diagnóstico.

¿Cuál es el objetivo, entonces, de los carteles que rezan: "Tu servicio
de salud es gratis, pero cuesta…", que también vemos como spots en la
televisión? ¿Será que el hecho de que no nos cueste nada a nosotros,
pero sí al estado, como nos lo hacen saber, justifica el maltrato, y los
diagnósticos equivocados?

A veces pienso cómo sería la vida en Cuba si no existieran las
subvenciones. Sé que muchísimas personas –incluido yo- se podrían ver
afectadas, pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Sería diferente la atención al
público? ¿Podría el dinero garantizar un trato como a seres humanos?

http://www.havanatimes.org/sp/?p=83314

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