lunes, 22 de abril de 2013

Malagradecidos que somos!

¡Malagradecidos que somos!
Lunes, 22 de Abril de 2013 04:34
Escrito por Luis Cino Álvarez

Cuba actualidad, Arroyo Naranjo, La Habana, (PD) A veces me pregunto si
los cubanos somos muy malagradecidos, incapaces de apreciar las
maravillas que disfrutamos "gracias a la revolución" o si es que el
mundo cada vez está más lleno de tontos, cómplices –por una razón u
otra- de la dictadura castrista y sinvergüenzas a los que nada les
importa nuestra (mala) suerte y que nos desprecian de todo corazón.

Son tantas las sandeces que se dicen sobre Cuba, que uno ya no sabe cuál
de ellas resulta más insultante. Que Cuba es el país del futuro, uno de
los mejores en la lista de Happy Planet; que el mundo tiene mucho que
aprender de la agricultura cubana; una funcionaria de la CEPAL que
presenta como panacea la planificación centralizada de la economía, tal
y como la aplica el gobierno cubano; que las votaciones circenses del
Poder Popular son las elecciones más democráticas del mundo; que las
reformas timbiricheras van en la dirección correcta, viento en popa y a
toda vela...

Recientemente, corresponsales extranjeros acreditados en La Habana solo
vieron lo que el régimen quiso mostrarles del Combinado del Este (las
aulas, los jardines, las palmeras) pero eso les bastó para referirse al
humanismo –según lo entiende el teniente coronel Roelis Osorio, jefe del
penal- y las bondades del sistema penitenciario cubano.

Ante tanta maravilla, ¿qué significan los muertos en huelga de hambre,
los que se suicidan en las celdas de castigo, los reos que se
auto-agreden porque nadie les hace caso, los sicópatas disfrazados de
carceleros? ¿De qué valen los testimonios de los presos que no se dejan
doblegar y de sus familiares que sufren? ¿Qué importancia tienen las
denuncias de los activistas de derechos humanos y los siempre
inoportunos periodistas independientes?

Acabo de leer algo que parece un chiste de humor negro. Un estudio
aparecido en el British Medical Journal asegura que los años de hambruna
del Periodo Especial fueron beneficiosos para la salud de los cubanos.

Según dicho estudio, en aquellos años, debido a la drástica disminución
en la ingestión de calorías y la consiguiente disminución del peso
corporal de las personas, se redujo considerablemente en Cuba la
mortalidad por diabetes y enfermedades cardiovasculares.

También asegura el estudio que fue muy beneficioso para los cubanos que
la dieta forzosa se viera complementada por las largas caminatas y los
viajes en bicicleta a los que nos vimos obligados porque la falta de
combustible hizo que colapsara el transporte público.

Los que vivimos aquellos duros años 90, cuando parecíamos zombis a los
que de tan flacos las raídas ropas se nos caían del cuerpo, no sabemos
si reírnos o indignarnos ante la desfachatez de estos doctores que deben
ser adoradores de Joseph Mengele.

En aquellos años disminuiría la mortalidad por diabetes y enfermedades
cardiovasculares, pero aumentaron los muertos por suicidio, los
devorados por los tiburones o ahogados en el estrecho de la Florida, y
ya que hablan de la conveniencia de combatir el sedentarismo, como no,
también de los ciclistas fallecidos en accidentes de tránsito o que
murieron peleando para que los maleantes no les arrebataran sus bicicletas.

De eso y de enfermedades propias de campo de concentración, como la
polineuritis que padecieron millares de cubanos y que el régimen
atribuía al alcohol y el hábito de fumar para no admitir que se debían a
la desnutrición, no deben saber mucho los autores del estudio. Tampoco
debe interesarles particularmente. Después de todo, se trata del Tercer
Mundo, específicamente de cubanos.
Los cubanos, que se iban para el trabajo con solo un vaso de agua con
azúcar o un cocimiento de jengibre, hojas de naranja o caña santa como
desayuno, se desmayaban en las guaguas, en la calle, los niños en las
aulas, pero es posible que no hayan sido demasiados los cubanos que
fallecieron de inanición durante el Periodo Especial.

Según el estudio, en los primeros años de la década del 90, la dieta de
los cubanos se redujo de 3 000 calorías diarias por persona a 2 200.
Poco, pero suficiente para no morirse de hambre. En 1946, la doctora
Adelheid Wawerka sentenció que "una dieta de sólo 1 500 calorías diarias
es demasiado pequeña para vivir, pero demasiado grande para morir". Los
cubanos, siempre tan excepcionales, tuvimos a nuestro favor, 700
calorías de más para sobrevivir. Al menos en el estudio del British
Medical Journal.

En realidad, estuvimos más cerca de la "inanición científica" de que
hablaba la doctora Wawerka que de las 2 200 calorías que dicen en el
British Medical Journal y que aun hoy son pocos los cubanos que pueden
ingerir.

Los tiempos del picadillo de cáscaras de plátano y la polineuritis
afortunadamente pasaron, pero la dieta de los cubanos de a pie (por
supuesto que no hablo de la elite privilegiada y de los ricos que ya
hay) sigue bien distante de las ideales 2 500 calorías que debe consumir
diariamente un adulto. Se calcula que la dieta diaria de un cubano
promedio -de los que comen arroz y frijoles y de vez en cuando, con
suerte y sobre todo bastante dinero, vegetales, huevo y alguna carne-
está por debajo de las 1 500 calorías.

Así y todo, el estudio del British Medical Journal considera que éramos
un pueblo más saludable en los años del Periodo Especial. En vez de
quedarnos como estábamos, bien flacos y dándole a los pedales de las
bicicletas chinas, nos ha dado por recuperar libras, enfermar de
diabetes y sufrir infartos. ¡Y mira que nos quejábamos del Periodo
Especial! ¡Uno nunca sabe lo que tiene hasta que no lo pierde!
¡Malagradecidos que somos!

Para Cuba actualidad: luicino2012@gmail.com

http://primaveradigital.org/primavera/politica/54-politica/7179-imalagradecidos-que-somos-.html

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